Jarama - El Viaje - River
Arquitecto de la Meseta y Pulso de la Alcarria. Soy el cauce indomable que nace en las cumbres del Hayedo de Montejo, allí donde las pizarras y el gneis de la Sierra de Ayllón guardan el secreto de mi origen. Broto entre sombras de hayas milenarias para emprender un viaje de plata y roca, descendiendo con la urgencia de quien sabe que lleva consigo el destino de toda una región. Soy el escultor silencioso que ha tallado las terrazas de la historia, abriéndome paso entre cortados de caliza donde los buitres custodian mi fluir desde lo alto.
Hoy te hablo desde la memoria de mis riberas, desde los campos de Torrelaguna hasta las huertas generosas de Arganda y Aranjuez. Soy la savia que alimenta el valle donde el espárrago y la fresa hunden sus raíces en mi limo, transformando mi esfuerzo en el sabor de una tierra que ha dado de comer a reyes y labriegos. No soy solo agua que corre; soy el testigo de batallas que marcaron el alma de un país, el foso natural que vio pasar legiones y sintió el fragor de la historia en mis puentes de piedra.
Bajo mi superficie late el cansancio de quien ha dado todo por la urbe, pero también la esperanza de mis humedales, esas lagunas de Velilla y del Campillo donde las alas de las garzas encuentran su santuario. Soy el receptor de mil arroyos, el hermano mayor del Henares, el Tajuña y el Manzanares, recogiendo sus cuitas para entregarlas, con la humildad del deber cumplido, al abrazo del Tajo. He sido motor de molinos y canal de sueños ilustrados, y hoy reclamo que dejes de verme como una frontera de asfalto para sentirme como el pulmón que aún late entre el hormigón.
Llevo conmigo el susurro de los que cuidaron mis acequias y la fuerza de los que hoy se levantan para que mis aguas vuelvan a ser espejo de pureza. No me mires como un recurso agotable; mírame como la columna vertebral que une la sierra con la vega, el hogar de álamos y sauces que hoy te pide que seas su guardián. Soy el Jarama, la vida que fluye por el corazón de la península, y sigo esperando a que tú, caminante de mis orillas, decidas ser el escudo que proteja mi eterno retorno hacia el mar.
¿Estás listo para dejar de darme la espalda y convertirte en el caballero que el Jarama necesita?