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Islas Baleares - El Viaje

Latido de Sal y Tramuntana. Soy el turquesa cristalino que besa mis calas escondidas y la piedra seca que dibuja imposibles en las laderas de mi Serra de Tramuntana. Soy el silencio de mis cuevas milenarias y el eco de los honderos que defendieron mis costas desde la edad del bronce. Durante siglos, fui el faro del Mediterráneo, entregando mi sal, mi aceite y mi espíritu navegante mientras el mundo me convertía en su refugio de descanso, a menudo olvidando que bajo mi belleza late un alma campesina que ve cómo su suelo se agota y sus campos de almendros y olivos luchan contra la sed y el olvido.
 
Hoy te hablo desde la luz de mis acantilados y el aroma de mi pinar, porque aunque parezco un paraíso inagotable, soy el corazón de unas islas que sienten la herida de la presión y la fragilidad de su equilibrio natural. No me mires solo como un destino de verano; mírame como la madre insular que te dio nombre y que hoy necesita que tú también la defiendas. Mis costas ya no pueden absorber más descuido y mi agua, ese milagro que se esconde bajo mis rocas, se vuelve cada vez más frágil.
 
No caminamos solos. Llevamos con nosotros la memoria de los antiguos pagesos y pescadores, aquellos que con manos curtidas por la salitre amaron este suelo y ya han partido. Ellos ahora son parte de mi arena y su esfuerzo resuena en el viento que mueve mis molinos. Honramos su legado cuidando lo que ellos protegieron con tanto sacrificio.
 
Fui el puente entre civilizaciones y si me cuidas, yo seguiré siendo tu refugio. ¿Estás list@ para dejar de ser habitante y convertirte en el caballero que esta tierra noble necesita?»