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Horizonte Dorado y la Nobleza del Trigo. Soy la llanura infinita que se pierde en el azul, el suelo de arcilla que levantó tus casas y el viento que susurra entre las espigas del pan de cada día. Durante siglos, he sido la generosidad que alimentó familias y naciones, entregándolo todo mientras mi tierra se agrietaba por la sed, mis pueblos perdían su latido y mi aire se volvía más duro bajo cielos que ya no traen la lluvia de antaño.

Hoy te hablo desde la llanura, porque mi capacidad de ser tu sustento tiene un límite. Aunque parezco un mar de calma eterna, soy un equilibrio frágil que siente la herida del olvido y el rigor del clima. Mis campos sufren la erosión y mis acuíferos languidecen. No me mires solo como un paisaje de paso o un mapa de cosechas; mírame como la familia humilde que te dio la vida y que hoy reclama tu honor para que su horizonte no se convierta en silencio.
 
Desde las orillas del Duero hasta el confín de mis campos castellanos, ya hay quienes han decidido que esta nobleza no puede desaparecer. Pero no cabalgamos sol@s. Llevamos con nosotr@s la memoria de nuestros segadores y sembradores, hombres y mujeres de manos cuarteadas por el frío y el sol que ya han partido. Ellos ahora son la fuerza de mi suelo y el murmullo en mis trigales; honramos su memoria protegiendo el legado de honestidad y vida que nos confiaron.
 
Fui el sustento del mundo. Si me cuidas, seguiré siendo tu luz, tu paz y alimento para los que vendrán. ¿Estás list@ para dejar de ser habitante y convertirte en el caballero que Tierra del Pan necesita?