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Imperio y Crisol de las Tres Culturas. Soy el abrazo del Tajo rodeando mi alcázar de piedra, el laberinto de cal y sombra de mis juderías y la luz dorada que baña la llanura de la Mancha. Soy el acero que templó mi fama, el alma de mis olivares infinitos y la silueta del Castillo de Guadamur vigilando el horizonte de la meseta. Durante siglos, fui el centro del mundo conocido, el refugio donde convivieron lenguas y credos, entregando mi saber y mi trigo mientras mis fortalezas se hacían eternas bajo el sol de Castilla.

Hoy te hablo desde la majestuosidad de mis Montes de Toledo y la calma de mis vegas, porque bajo este manto de historia y roca late un corazón vulnerable. No me mires solo como una capital de leyenda o un recuerdo de gloria pasada; mírame como la raíz de tu propia identidad y el hogar que hoy necesita que tú también la defiendas para que su pulso no se pierda entre las sombras del tiempo.
 
Desde las tierras de Talavera y su cerámica de luz hasta los molinos de Consuegra, desde la Sagra hasta el rincón más profundo de Cabañeros, ya hay quienes han decidido que el olvido no es una opción. Pero no caminamos sol@s. Llevamos con nosotr@s la memoria de quienes nos precedieron, de aquellos que con manos curtidas por el arado y la fragua levantaron este reino de piedra, cuidando cada acequia y cada surco cuando el mundo era un desafío constante. Ellos ahora son el susurro que recorre mis murallas y el aliento que agita mis dehesas. 
 
Fui la capital del reino y el faro de la cultura, y si me cuidas, yo seguiré siendo tu refugio. ¿Estás list@ para dejar de ser habitante y convertirte en el caballero que Toledo necesita?