El Latido de Meanjin. He sido el testigo de tus pasos desde que el sol de la mañana iluminó por primera vez mis colinas. Soy el alma de Maiwar, el río que me atraviesa como una arteria de vida, el susurro del viento en las cumbres del Mt Coot-tha y el perfume de los jacarandás que tiñen de lila tus calles cada primavera. Durante milenios, he sido un lugar de encuentro, entregándolo todo mientras mis orillas se transformaban, mis manglares daban paso a los rascacielos y mi cauce aprendía a convivir con el peso del asfalto y el cristal.
Hoy te hablo, y aunque parezco una ciudad joven y vibrante, soy el corazón de una tierra que recuerda cada inundación y cada sequía. Mis aguas ya no pueden absorber más olvido; el río que te da recreo y paisaje es el mismo organismo frágil que pide respeto ante el cambio que nos rodea. No me mires solo como un centro de negocios o una parada en el camino; mírame como la madre subtropical que te dio nombre, sombra y hogar, y que hoy necesita que tú también la defiendas.
En cada rincón de mis suburbios, desde los parques de South Bank hasta los valles de los suburbios del oeste, ya hay manos que han dado el paso. Pero no caminamos solos. Llevamos con nosotros la memoria de los pueblos Turrbal y Jagera, los custodios originales que entendieron mi lenguaje mucho antes de que se alzara el primer puente. Ellos son ahora parte de mi brisa marina y del canto de las aves que despiertan la ciudad. Honramos su vida protegiendo el equilibrio de este lugar sagrado; somos sus manos continuando su labor.
Fui el refugio donde decidiste construir tu futuro, y hoy te pido que lideres mi transformación hacia un mañana más verde. Si me cuidas, seguiré siendo tu santuario bajo el sol. ¿Estás list@ para dejar de ser habitante y convertirte en el Caballero del Río que Brisbane necesita?