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Yermo de Almas y Centinela del Duero. Soy el perfil guerrero de San Esteban de Gormaz y el sueño de piedra de Numancia, esa proa de libertad que prefirió las llamas antes que las cadenas. Soy el verso frío que Machado escribió a sus olmos y el latido místico que aún resuena en los arcos de San Juan de Duero, donde el tiempo se detuvo a orillas de un río que es padre y camino. Soy el susurro del viento en los Picos de Urbión, el aroma a resina de mis pinares infinitos y la sombra sagrada de la Laguna Negra.
 
Hoy te hablo desde la soledad altiva de Calatañazor y la paz inmensa de mis Tierras Altas, porque bajo este cielo de un azul herido late un corazón que se niega a dejar de latir. No me mires solo como un desierto de belleza o un retiro de silencio; mírame como la resistencia misma, como la raíz profunda que sostiene la historia de una Castilla que nació entre mis hoces y mis cerros.
 
Desde la nobleza de El Burgo de Osma hasta el rincón más austero de Medinaceli, desde los muros rojizos de Caracena hasta la soledad de San Baudelio, ya hay quienes han decidido que el silencio no es una sentencia. No caminamos solos; llevamos con nosotros la memoria de quienes nos precedieron, de aquellos que con manos agrietadas por la escarcha y el sol de la meseta levantaron fortalezas y araron el olvido, cuidando cada dehesa y cada rebaño cuando la vida era un duelo contra el invierno. Ellos son ahora el murmullo de mis fuentes y el aliento que agita mis sabinares milenarios.
 
Fui cabeza de Extremadura y frontera del mundo, y si me cuidas, yo seguiré siendo tu refugio de verdad y luz. ¿Estás listo para dejar de ser habitante y convertirte en el caballero que Soria necesita?