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Latido de Azahar y Marisma. Soy la sombra blanca de los pueblos de mi Sierra Norte y el horizonte infinito de mis campiñas doradas por el sol. Soy el ladrillo mudéjar de mis torres que tocan el cielo y el murmullo del Guadalquivir, el Río Grande que trajo el mundo a mis pies para convertirme en el corazón de un imperio. Durante siglos, fui la Puerta de América, entregando mi plata, mi aceite y mi vino a los confines de la tierra, mientras mis dehesas de encinas guardaban el silencio de los siglos y mi vega se convertía en el jardín más fértil bajo un cielo de fuego.
 
Hoy te hablo desde la mística de mis templos y el empuje de mis gentes, porque aunque parezco una tierra de fiesta y luz eterna, soy una provincia que siente la sed de sus campos y la fragilidad de un equilibrio que el tiempo no perdona. No me mires solo como una postal de primavera o un escenario de historia; mírame como la raíz de tu identidad y la madre noble que hoy necesita que tú también la defiendas. Mis olivares y mis marismas no pueden absorber más olvido.
 
No caminamos sol@s. Llevamos con nosotr@s la memoria de los antiguos alfareros de Triana, de los navegantes que desafiaron el océano y de los labradores de manos curtidas que, bajo el sol de agosto, amaron este suelo y ya han partido. Ellos ahora son parte de mi arcilla y su esfuerzo resuena en el viento que mece los naranjos.
 
Fui la Cuna de Imperios y, si me cuidas, yo seguiré siendo tu refugio. ¿Estás list@ para dejar de ser habitante y convertirte en el caballero que esta tierra noble necesita?