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Acueducto del Tiempo y la Estela de la Sierra. Soy la proa de piedra del Alcázar que navega sobre los valles del Eresma y el Clamores, y el prodigio de granito que mis arcos romanos sostienen sin esfuerzo frente a los siglos. Soy el alma mística de San Juan de la Cruz, el aire real de La Granja y la inmensidad de mis tierras de pinos en la Tierra de Pinares. Durante siglos, fui el hogar de reyes y pastores, entregando mi lana y mi madera mientras mis fortalezas vigilaban el horizonte de la meseta y el silencio habitaba mis iglesias románicas.

Hoy te hablo desde la majestuosidad de la Mujer Muerta y la paz de mis hoces del Duratón, porque bajo este manto de historia y caliza late un corazón vulnerable. No me mires solo como una postal de piedra o un refugio de fin de semana; mírame como la raíz de tu propia identidad y el hogar que hoy necesita que tú también te levantes para defender su equilibrio y su futuro.
 
Desde la nobleza de Sepúlveda hasta el rincón más profundo de Riaza, desde los castillos de Coca y Turégano hasta la soledad de la Vera Cruz, ya hay quienes han decidido que el olvido no es una opción. No caminamos sol@s,  llevamos con nosotr@s la memoria de quienes nos precedieron, de aquellos que con manos curtidas por el aire de la sierra y el arado levantaron este reino de luz, cuidando cada cañada real y cada surco cuando la vida era un desafío constante. Ellos ahora son el murmullo de mis ríos y el aliento que agita los sabinares. 
 
Fui el centro de una corte y la llave de Castilla, y si me cuidas, yo seguiré siendo tu refugio. ¿Estás list@ para dejar de ser habitante y convertirte en el caballero que Segovia necesita?