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Faro de la Cristiandad y Balcón del Atlántico. Soy el latido de piedra de la Catedral de Santiago de Compostela, la meta de todos los caminos donde el abrazo al Apóstol sella el destino de Europa. Soy el asombro de la Torre de Hércules, el faro romano más antiguo del mundo que sigue guiando a los navegantes entre la bruma y la leyenda. Soy el cristal de mis galerías coruñesas, que atrapan la luz para desafiar al viento, y la fuerza salvaje de la Costa da Morte, donde el mar ruge historias de naufragios y héroes anónimos.
 
Hoy te hablo desde la mística de San Andrés de Teixido, donde "va de muerto quien no fue de vivo", y desde la paz de las Fragas do Eume, el bosque mágico donde el verde parece no tener fin. Porque bajo mi manto de lluvia y granito late un corazón que ha sabido ser puerta de América y refugio de poetas. No me mires solo como un destino de peregrinos o una postal de rías; mírame como la raíz de un pueblo que domó el océano y que hoy reclama que tú también te levantes para defender su equilibrio y su futuro.
 
Desde la nobleza de Betanzos hasta el rincón más bravo de Fisterra, el auténtico fin del mundo antiguo, desde el Castillo de San Antón hasta la mística de los dólmenes de Dombate, ya hay quienes han decidido que el olvido no es una opción. No caminamos solos; llevamos con nosotros la memoria de marineros y redeiras, de aquellos que con manos curtidas por el salitre y el frío del norte levantaron ciudades de cristal y cuidaron cada batea y cada surco cuando la vida era un duelo constante contra el temporal. Ellos son ahora el murmullo de mis rías y el aliento que agita mis castaños milenarios.
 
Fui capital del Reino de Galicia y llave del Nuevo Mundo, y si me cuidas, yo seguiré siendo tu refugio de piedra y mar. ¿Estás listo para dejar de ser habitante y convertirte en el caballero que A Coruña necesita?