Luz del Mediterráneo y Centinela de la Roca. Soy la silueta del Benacantil que corona el Castillo de Santa Bárbara, vigilando una bahía donde la historia desembarcó en cada ola. Soy el misterio del Palmeral de Elche, un océano de dátiles y sombra que es herencia viva del desierto, y el asombro de mi Misteri, donde la voz se hace cielo. Soy el aroma de mis almendros en flor en la Marina y la fuerza de mis montañas, desde la cumbre del Aitana hasta el perfil de un Puig Campana que guarda el secreto de su hendidura. Soy el alma de mis Fiestas de Moros y Cristianos, donde el estruendo de la pólvora narra la memoria de mis fronteras.
Hoy te hablo desde la mística de la Isla de Tabarca y la paz de mis valles de cerezos y olivos del interior, porque bajo mi manto de sol y turismo late un corazón que ha sabido ser motor de ingenio y esfuerzo. No me mires solo como una costa de descanso o un refugio de verano; mírame como la cuna del juguete en Ibi, el saber hacer del calzado en Elda y Elche, y la resistencia de una tierra que sabe que el agua es su tesoro más sagrado. Soy el hogar que hoy reclama que tú también te conviertas en su baluarte.
Desde la nobleza de Orihuela, donde los versos de Miguel Hernández aún resuenan en cada rincón, hasta la luz blanca de Altea y el vigor industrial de Alcoy, desde los castillos de la frontera de Villena y Sax hasta la soledad de la sierra de Mariola, ya hay quienes han decidido que nuestra esencia no se diluirá. No caminamos solos; llevamos con nosotros la memoria de labradores y marineros, de aquellos que con manos curtidas por la sal y el yeso levantaron este reino de luz, cuidando cada bancal y cada red de pesca. Ellos son ahora el murmullo del Segura y el aliento que agita mis pinos mediterráneos.
Fui frontera de reinos y puerto de libertad, y si me cuidas, yo seguiré siendo tu refugio de alegría y raíz. ¿Estás listo para dejar de ser habitante y convertirte en el caballero que Alicante necesita?