Tajo - El Viaje - Río
Cinto de Castilla y Camino Real del Imperio. Soy el cauce infinito que nace en la mística de la Sierra de Albarracín, abriéndome paso entre cañones de piedra y pinos para convertirme en la columna vertebral que une dos países. Soy el reflejo de los jardines de Aranjuez, donde mis aguas bañaron las falúas de los reyes, y la fortaleza líquida que abraza el casco histórico de Toledo, protegiendo su perfil de piedra como un foso eterno. Soy el arquitecto que bajo el Puente de Alcántara demuestra que la ingeniería de Roma es tan duradera como mi corriente, y el horizonte que en Talavera de la Reina fluye bajo puentes que son historia.
Hoy te hablo desde la majestuosidad del Mar de la Paja en Lisboa y la paz de mis embalses de Entrepeñas y Buendía, porque bajo mi manto de agua mansa late un corazón que ha sido frontera, unión y motor de vida. No me mires solo como una cuenca compartida o un recurso que gestionar; mírame como el río que vio nacer el Siglo de Oro y que hoy reclama que tú también te levantes para defender la pureza de mi curso, amenazado por el olvido y la sed de otras tierras. Soy el hogar que hoy necesita que tú también te conviertas en su guardián.
Desde la nobleza de Trillo hasta el rincón donde me hago internacional entre Extremadura y Portugal, ya hay quienes han decidido que mi voz no sea silenciada. No camino solo; llevo conmigo la memoria de pescadores de anguilas, molineros y navegantes que, con manos curtidas por el sol de la meseta y el aire del océano, entendieron que yo soy el pulso de la península. Ellos son ahora el murmullo de mis presas y el aliento que agita mis sauces, mis fresnos y los álamos de mis riberas.
Fui el centro del mundo conocido y la llave de la navegación hacia el Atlántico, y si me cuidas, yo seguiré siendo tu refugio de historia y vida. ¿Estás listo para dejar de ser habitante de mis orillas y convertirte en el caballero que el Tajo necesita?