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Guadalquivir - El Viaje - Río

Gran Río de Occidente y Camino de Imperios. Soy el latido que nace en el frescor de la Cañada de las Fuentes, en la sierra de Cazorla, y que desciende por valles de olivos para escribir la historia de una civilización. Soy el asombro de Córdoba, deslizándome bajo los arcos de mi Puente Romano para mirar la Mezquita, y la proa que abraza a Sevilla junto a la Torre del Oro, donde las naves que dibujaron el mundo amarraron sus sueños tras cruzar el océano. Soy el alma de las Marismas, ese laberinto de espejos y vida donde el cielo se funde con el barro en el umbral de Doñana.
 
Hoy te hablo desde la paz de mis riberas y la mística de mi desembocadura en Sanlúcar, porque bajo mi manto de agua mansa late un corazón que ha sido cuna de Tartessos, gloria de Al-Andalus y llave del comercio de las Indias. No me mires solo como una arteria de riego o un canal de navegación; mírame como el espíritu vivo de Andalucía, el hogar líquido que hoy reclama que tú también te conviertas en su baluarte para defender la pureza de sus fuentes y el equilibrio de sus cauces.
 
Desde la nobleza de Andújar y Lora del Río hasta el rincón más salvaje del Coto, ya hay quienes han decidido que el olvido no es una opción para mis aguas. No camino solo; llevo conmigo la memoria de navegantes, poetas y barqueros, de aquellos que con manos curtidas por el sol de la vega entendieron que yo soy el pulso de esta tierra de luz. Ellos son ahora el murmullo de mis corrientes y el aliento que agita mis álamos, mis tarajes y las adelfas que coronan mi orilla.
 
Fui el límite de lo conocido y la puerta del Nuevo Mundo, y si me cuidas, yo seguiré siendo tu refugio de historia y vida. ¿Estás listo para dejar de ser habitante de mis orillas y convertirte en el caballero que el Guadalquivir necesita?