Espejo de la Ciudad y Abrazo de la Alcazaba. Soy el azul que acaricia el centro de Málaga, el agua que refleja la silueta de la Farola y la elegancia del Palmeral de las Sorpresas. Soy el asombro de los viajeros que desembarcan en el Puerto y encuentran en mi orilla el primer saludo del Mediterráneo, y la frescura que el malagueño busca cuando el terral aprieta. Soy la memoria de los antiguos marengos que lanzaban sus redes desde mis arenas y el latido presente de una ciudad que se abre al mundo sin perder su esencia de sal y jazmín.
Hoy te hablo desde la mística de mis amaneceres, cuando el sol nace entre los barcos, y desde la paz de mis atardeceres frente al Muelle Uno, porque bajo mi apariencia de postal perfecta y descanso urbano, late un corazón que necesita tu compromiso. No me mires solo como un lugar de paso o la arena donde dejar tu huella; mírame como el pulmón azul de la capital, el espacio que hoy reclama que tú también te levantes para defender mi limpieza, mi transparencia y el equilibrio de mi entorno frente al mañana.
Desde la nobleza de mis moragas tradicionales, donde el humo del espeto cuenta historias de siglos, hasta la vibrante energía de mis paseos, ya hay quienes han decidido que el cuidado de este rincón es la prioridad. No fluyo sola; llevo conmigo la memoria de los pescadores que me bautizaron y el impulso de quienes hoy ven en mí el símbolo de una Málaga moderna y sostenible. Ellos son ahora el murmullo de mis olas contra el espigón y el aliento que agita mis palmeras del paseo, mi espuma y el rastro de sal en el asfalto.
Fui la despensa de la antigua Malaka y soy hoy la llave de su calidad de vida, y si me cuidas, yo seguiré siendo tu refugio de luz y brisa. ¿Estás listo para dejar de ser habitante y convertirte en el caballero que la playa de la Malagueta necesita?