País Vasco - El Viaje
Latido de Hierro y Salitre. Soy el abrazo del Cantábrico golpeando mis acantilados de Flysch y el susurro de la niebla entre los hayedos del Gorbeia. Soy el eco del martillo sobre el hierro que forjó mi industria y la palabra ancestral de mi lengua, que resuena en mis valles desde antes de que el tiempo tuviera nombre. Durante siglos, fui la Puerta del Hierro, entregando mi acero y mi alma marinera al mundo, mientras mis caseríos guardaban el fuego del hogar y mis montes sufrían el rigor de un progreso que hoy nos exige volver la mirada a la tierra que nos sostiene.
Hoy te hablo desde la vanguardia de mis ciudades y la paz de mis brañas, porque aunque parezco una tierra de piedra y acero, soy el corazón de un pueblo que siente la herida de la transformación y la fragilidad de su propia naturaleza. No me mires solo como una potencia que no descansa; mírame como la madre brava que te dio nombre y que hoy necesita que tú también la defiendas. Mis paisajes, desde el Duranguesado hasta la Rioja Alavesa, no pueden absorber más olvido.
En cada rincón de mis tres territorios, bajo el cielo plomizo y fértil del norte, ya hay manos que han dado el paso. Pero no caminamos solos. Llevamos con nosotros la memoria de nuestros antepasados, los antiguos arrantzales y baserritarras, aquellos que con manos curtidas por el trabajo duro amaron este suelo y ya han partido. Ellos ahora son parte de mi arcilla y su esfuerzo resuena en el viento que peina el roble.
Fui la cuna de navegantes que dieron la vuelta al mundo y si me cuidas, yo seguiré siendo tu refugio. ¿Estás list@ para dejar de ser habitante y convertirte en el caballero que esta tierra noble necesita?