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Te espero. Desde la luz eterna que cae sobre el Templo de Debod al atardecer, pasando por el murmullo cómplice de la Plaza Mayor y las sombras centenarias del Retiro, hasta el latido incansable de la Gran Vía que nunca duerme, tu presencia es el eslabón que necesito para que mi corazón siga latiendo con fuerza. Forma parte de esta historia viva.